Muchas veces justificamos nuestras propias acciones, actitudes y palabras, pero cuando alguien actúa de la misma manera con nosotros, nuestra perspectiva cambia. Esta sencilla realidad nos recuerda un principio bíblico poderoso: todo lo que sembramos, eso también cosecharemos (Gálatas 6:7). Nuestras palabras, pensamientos, decisiones y acciones son semillas que, tarde o temprano, producirán fruto.
Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué estamos sembrando? La calidad y cantidad de nuestra semilla importan, y también necesitamos paciencia para esperar la cosecha. En nuestro matrimonio, familia, amistades, trabajo, servicio, pensamientos, talentos y tiempo, cada día tenemos una oportunidad de sembrar algo bueno. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. (Gálatas 6:9)